El cumplimiento del T-MEC en exportaciones mexicanas creció de forma acelerada en 2025, impulsado por la reorganización de cadenas de suministro y el nearshoring, fortaleciendo la competitividad de México frente a China en el mercado estadounidense.
La industria exportadora mexicana registró un avance significativo en el cumplimiento de las reglas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, al pasar de 48.6% a 75.1% de las exportaciones libres de arancel en un periodo de apenas diez meses durante 2025.
De acuerdo con datos del Departamento de Comercio de Estados Unidos, este incremento refleja una transformación estructural en la forma en que las empresas operan sus cadenas de suministro, priorizando el contenido regional para mantener el acceso preferencial al mercado estadounidense.
El análisis presentado por Banamex señala que este crecimiento no fue fortuito, sino resultado de decisiones estratégicas ante un entorno comercial más restrictivo, marcado por nuevas políticas arancelarias impulsadas por Donald Trump.
Desde una óptica industrial, las empresas optaron por rediseñar sus procesos productivos, sustituir proveedores asiáticos por socios en Norteamérica y fortalecer sus certificaciones de origen. Estas acciones permitieron incrementar el contenido regional de los productos y asegurar su elegibilidad bajo el T-MEC.
En muchos casos, compañías que previamente optaban por pagar aranceles mínimos decidieron adaptarse, ya que los nuevos gravámenes —que alcanzaron hasta 25% para insumos no regionales— afectaban directamente su rentabilidad y competitividad en el mercado internacional.
El impacto de esta estrategia fue contundente. México no solo mantuvo su posición como principal socio comercial de Estados Unidos, sino que incrementó su participación hasta un máximo histórico de 15.7% de las importaciones totales en 2025.
En contraste, China experimentó una caída relevante en su participación, pasando de 13.2% a 9.0%, afectada por mayores cargas arancelarias y una menor integración regional con Norteamérica.
Uno de los factores clave en esta dinámica fue la diferencia en los aranceles efectivos: mientras México enfrentó un promedio de 3.7%, China registró tasas cercanas al 29.2%, generando una brecha que fortaleció la competitividad relativa de la industria mexicana.
Este diferencial, sumado a la cercanía geográfica y a décadas de integración comercial desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte hasta el T-MEC, consolidó a México como un destino estratégico para la relocalización de operaciones manufactureras.
Analistas de Banorte prevén que esta tendencia continuará, con el tratado comercial como eje central para el crecimiento exportador y la atracción de inversión, especialmente en sectores industriales clave.
Asimismo, el inicio de nuevas mesas de trabajo bilaterales entre México y Estados Unidos abre la puerta a una mayor consolidación del comercio regional, en un contexto donde la eficiencia logística y el cumplimiento normativo serán determinantes para el desarrollo industrial.