Artesanías de Día de Muertos

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De acuerdo a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) la Celebración de Día de Muertos es más que una ocasión potente de comercio en todos los pueblos y ciudades de México. Entre las ciudades que más destacan por sus productos son Chiapas, el Estado de México, Veracruz, Puebla, San Luis Potosí, Michoacán, entre otros.

Chiapas se distingue por la fabricación de “sahumerios”. Estos incensarios (recipiente para colocar el incienso) son utilizados por los pueblos indígenas en las ofrendas, ya que para ellos los difuntos son mediadores entre los vivos y las fuerzas sobrenaturales. “Los sahumerios son elementos primordiales en las ofrendas indígenas, ya que el aroma del copal ardiente convoca a los difuntos, alimenta a las deidades y ahuyenta a los malos espíritus”, explica María Sánchez, coordinadora de museografía e investigación del Museo Nacional de Historia.

En Puebla, uno de los productos más elaborados son los “alfeñiques” (dulces típicos fabricados con base de azúcar, con formas representativas de los muertos), la forma más popular son las calaveritas, pero también podemos encontrar ataúdes con su muertito adentro, querubines, animales y frutas. Entre los ingredientes mas utilizados en Puebla están la almendra, el cacahuate y la semilla de calabaza, que mezclándola con azúcar y huevo al estilo mazapán dan un sabor tan típico de la región.

De igual manera, la Ciudad de México se distingue por la producción de “calaveras”, y los ingredientes más utilizados en esta región son el chocolate y amaranto. Según la tradición prehispánica, los difuntos cuando visitaban la tierra, se tomaban el chocolate mezclado con el agua que utilizaban para bañarse, dejando así su esencia. El amaranto fue una de las fuentes de proteína para los aztecas, mayas e incas, además de ser utilizado en los rituales a sus dioses. Antes de la colonización se utilizaban calaveras de amaranto, pero elaboradas con sangre de sacrificios humanos, sin embargo, esta acción no fue aprobada por los españoles. Con el paso del tiempo la tradición ha ido evolucionando, actualmente se acostumbra a poner el nombre del difunto a quien se dedica la ofrenda.

En Capula, Michoacán de Ocampo, su atractivo más predominante son las Catrinas de barro, estas son elaboradas con la técnica del pastillaje cocidas al natural o vidriadas; algunas son pintadas con engobes de colores y otras decoradas en frío con pinturas acrílicas o vinilicas. Juan Torres quien por más de 30 años ha sido impulsor de la fabricación de las catrinas comentó: “José Guadalupe le llamó la calavera garbancera, y era una crítica a las mujeres del siglo antepasado que se vestían a la usanza francesa, pero fue Diego Rivera quien la hizo de cuerpo entero y la bautizó como La Catrina, aunque siguió siendo una mofa (…) pero yo la hice tridimensional, aprovechando la técnica de este pueblo que es extraordinaria y la conocen como nadie”.

En nuestro país podemos encontrar diferentes formas de rendir culto a nuestros familiares difuntos, pero dentro de esta variedad de colores, figuras, dulces, comida, etc., nos unimos como pueblo en una conexión única representada a través de estas herramientas, enfocadas en la creencia de la llegada de nuestros difuntos a disfrutar de una fiesta especial y única, que hoy por hoy tiene presencia en todo el mundo.

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