El chicle: golosina prehispánica natural

Cosmos . Alimentaria, Química y petroquímica 1561 Sin comentarios

Tzictli es el nombre del chicle en Náhuatl, producto descubierto por los mayas, quienes lo aprovecharon de diferentes formas. Hoy en día se conoce en todo el mundo y se dice que su internacionalización comenzó en Estados Unidos, gracias a quien fuera uno de los más controvertidos presidentes de México: Antonio López de Santa Anna, quién de alguna manera –directa o indirectamente– llevó a un hombre de apellido Adams a pensar en la savia como un sustituto de los productos que se usaban para mascar, como el tabaco. Al tzictli le agregó azúcar y comenzó su comercialización. El sabor fue algo más difícil de añadir ya que el chicle no absorbe sabores, pero sí absorbe azúcar. Así que se le ocurrió a un vendedor de palomitas de Cleveland, Ohio, en 1880, mezclar saborizantes con jarabe de maíz y después añadir la mezcla al chicle. Como el jarabe es básicamente azúcar, el experimento tuvo éxito dando origen al primer chicle de menta con el nombre de Yucatán.

Años más tarde, debido a los descubrimientos de productos sintéticos petroquímicos, el chicle natural fue desplazado por un polímero sintético, lo que ocasionó que la producción y consumo disminuyeran.

Actualmente, el consumo del chicle natural está resurgiendo gracias al crecimiento y promoción de los productos orgánicos naturales.

¿Qué es el chicle?

El chicle es una resina de tipo goma, extraída de los árboles de chicozapote, ubicados en la región sur de México, en la península de Yucatán, se pueden encontrar árboles de hasta 40 metros de altura. La manera en que se obtiene –al igual que otros productos naturales mexicanos– sigue siendo rudimentaria.

Se realizan cortes verticales en forma “v” a través de todo el tronco de los árboles –para abarcar la altura, escalan–, colocan un recipiente en la base del árbol para recolectar el fluido que sale y corre a través de los canales realizados. Posteriormente se lleva a cabo un pre- tratamiento calentándolo durante 4 horas con agitación constante por medio de una pala de madera, en esta parte del proceso se turnan varias personas. Finalmente se vacía en moldes para formar bloques que serán distribuidos a las diferentes empresas comercializadoras, tanto nacionales como extranjeras.

Debido a que es una actividad ancestral, rural y ejidal, el proceso de obtención del chicle natural se ha conservado sin cambios, por lo que es un área fértil para desarrollar tecnología sustentable que pueda servir de apoyo a los chicleros mexicanos y desarrollo de las familias que se sostienen de esta actividad. Si bien fue una actividad privada durante muchos años, cuando el chicle fue muy demandado, ahora solamente la realizan mexicanos, la mayoría hombres maduro, pues a las nuevas generaciones nos les es atractivo el oficio de chiclero.

En esta parte conviene destacar los usos de la ancestral golosina a través del tiempo: los mayas lo usaron para la higiene bucal (dentífrico) y como inhibidor de hambre durante los ayunos en rituales. En la época de la segunda guerra mundial se utilizó bastante como golosina antiestrés, pues a los militares les ayudaba a disminuir la tensión ocasionada por la guerra, ellos también lo usaron como inhibidor del hambre. En la actualidad se utiliza mucho como dentífrico, destaca la función de “refrescante del aliento”.

Gracias a que es un producto natural y a la tendencia de consumo de productos orgánicos, su consumo está mostrando un repunte. Por otro lado, cabe mencionar que de toda la producción de chicle nacional, únicamente el 2% es de origen natural; razones suficientes para marcar una tercera etapa de desarrollo de esta golosina prehispánica. Es importante resaltar que las mismas cooperativas y sociedades de producción chicleras del país están muy interesadas en este desarrollo, tan es así, que en este año pidieron al gobierno realizar acciones para reactivar la industria chiclera de la región de Campeche y Quintana Roo.

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