¿Por qué se celebra el día de muertos en México?

por | Nov 1, 2014 | Información de temporada | 0 Comentarios

El pueblo de México siempre ha mantenido la idea de que la muerte es la interfaz de una vida a otra, por lo que cada año celebramos a los que se nos adelantaron con aire festivo y jubiloso. Los mexicanos somos espléndidos por lo que deleitamos con grandes banquetes a nuestros fieles difuntos.

¿Por qué se celebra el día de muertos en México?

Los mexicanos vemos la muerte muy diferente al resto del mundo y por ello siempre hemos recibido admiración. Desde el México Prehispánico se llevaban a cabo ceremonias rituales dedicadas a los muertos. Algunas fuentes hacen constar que el calendario mexica constaba de 18 meses, el noveno y décimo llamados Tlaxochimaco y Xocolhuetzi respectivamente, estaban dedicados a la celebración de los muertos.

Nuestros antepasados creían que según el tipo de muerte era el lugar a donde el alma estaba destinada, creían que el alma tenía que pasar por varios niveles antes de llegar al Sol; es por esto que les ponían un ajuar y comida para el trayecto. De acuerdo a la manera de morir el alma encontraba su destino: al Tlalocan, paraíso del dios de la lluvia, se dirigían los ahogados, hidrópicos y los ofrecidos al dios; acompañaban al sol Huitzilopochtli las mujeres muertas en parto y los guerreros caídos en la batalla o en la piedra del sacrificio; al Mictlán, lugar común de los descarnados, iban quienes fallecían por cualquier otra causa.

Durante la conquista los españoles trataron de implementar sus tradiciones, costumbres e ideología, debido a las semejanzas fueron acogidas por los indígenas lo cual facilitó la evangelización. La Iglesia Católica implementó el 1° y 2° de noviembre para sustituir las fiestas dedicadas a los muertos.

En la época de la Independencia, la percepción y el culto de la muerte se mantuvo en función de la procedencia social y étnica de la población; los indios conservaron sus cultos tradicionales, con profusión de tibias y cráneos. Entre los criollos, la celebración de difuntos estaba más vinculada a la ortodoxia católica: una invitación al recogimiento, al recuerdo, a la plegaria, a los rezos. Las familias de recursos daban a sus sirvientes “la calavera”, es decir un obsequio en dinero; en los panteones las tumbas eran aseadas y adornadas con flores y velas, notándose más regocijo que pesar. En medio de los extremos, había un intenso proceso de fusión de costumbres.

A mediados del siglo XIX, la celebración de la muerte adquiría un tono más festivo, se hacían los dulces típicos de calaveritas de azúcar, muertecitos de mazapán y se preparaba el pan de muerto. Durante el porfiriato, las costumbres fúnebres persistieron; el pueblo compartía el pan con los muertos, iluminando los caminos de altares y tumbas; la gente “bien”, imbuida de las formas de comportamiento modernas importadas de Europa, se alejó del espiritualismo de indios y españoles, dando un carácter banal a esta fecha.

El pueblo seguía inundando los panteones y realizando ahí sus comidas en comunión con los muertos, tratando de complacerlos en el día que volvían a visitar a sus parientes. Los grupos indígenas o mestizos cercanos a esta raíz, siguieron haciendo grandes preparativos para el Día de Muertos: comida, bebida, flores, veladoras, puestos en tumbas y altares. Ya entonces se elaboraba gran cantidad de dulces: calaveritas de azúcar, dulce de tejocote, entierros de garbanzo, calabaza en tacha, dulce de chilacayote.

Actualmente, “es una fiesta con muchos matices, hay lugares donde se permite a las personas hablar con las ánimas porque los primeros cuatro años pueden venir y manifestarse, según la creencia en algunas comunidades se come en el panteón y se lleva música. Es una forma de recordarlos porque la verdadera muerte es el olvido”, concluye el historiador Escamilla.

En estas fechas, los lazos de parentesco se robustecen y cobra auge el intercambio socioeconómico, dentro de una población en general y de la familia en particular.

Ofrendar significa compartir con los parientes y amigos fallecidos ciertos goces de la vida y algo de los frutos obtenidos de la anualidad o cosecha pasada, así como los alimentos tradicionales de cada población y los preferidos en vida por los difuntos a quienes se les recuerda en el altar.

Las actividades rituales que se realizan durante las celebraciones del Día de Muertos, originan un intenso comercio de productos agrícolas y artesanales en todos los pueblos y ciudades de la República Mexicana. Para elaborar las ofrendas, muchas familias obtienen los productos de sus propias cosechas y manufacturas artesanales.

Esta festividad cobra importancia por diversos motivos, nos representa como mexicanos y nos recuerda que en la vida sólo hay una cosa segura, la muerte.

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