Recorrido por tres lugares de México en Día de Muertos

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Desde el arte prehispánico al popular de nuestros días, se manifiesta el recuerdo de los difuntos a través de las ofrendas llenas de color, sabor y simbolismos. ¿Sabes cómo se lleva a cabo este festejo en distintos lugares? Acompáñanos en un viaje por los lugares más representativos de México y su cultura.

¿Cuándo inicia? Su origen se remonta a las prácticas prehispánicas, dentro de esta visión el acto de morir era el comienzo de un viaje de cuatro días hacia el Mictlán, el reino de los muertos también llamado Xiomoayan. Este festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba en el noveno mes del calendario solar mexicano, iniciando en agosto y celebrándose durante todo el mes. Además estas culturas ponían altares dedicados a diferentes dioses, de acuerdo a ese calendario las ofrendas pertenecientes a Mictlantecuchtli (señor de los muertos) coincidían con el mes de noviembre del calendario gregoriano y así, con la llegada de los españoles se incorporaron los elementos del cristianismo.

El Día de los Muertos se festeja en México y en algunos países latinoamericanos los días 1 y 2 de noviembre de cada año. Al ser México un país pluricultural y pluriétnico, se van añadiendo diferentes significados según el pueblo indígena o grupo social que la practique, hay lugares con una arraigada tradición en el festejo del día de muertos como San Andrés Mixquic (uno de los siete pueblos de la delegación Tláhuac) y Xochimilco pertenecientes al Distrito Federal y Pátzcuaro en el estado de Michoacán.

¿Qué es una ofrenda? Es un altar que se elabora durante la celebración del día de muertos, se cree que el espíritu de sus difuntos regresa para convivir con sus seres queridos y disfrutar de los alimentos que contiene la ofrenda, en general deben tener una serie de elementos como: imagen del difunto, un crucifijo, imagen de algún santo, copal, papel picado, velas, veladoras, agua, sal, flores, calaveras de azúcar, comida y bebida favorita del difunto, pan y objetos personales.

Xochimilco

Lo más característico es la llamada alumbrada (llamada así por la cantidad de velas y veladoras que se colocan). En los panteones de los pueblos de San Gregorio y Xilotepec la gente llega desde el 31 de octubre para velar a los niños, y del día 1 al 2 de noviembre se espera la llegada de los adultos. A altas horas de la madrugada, los vecinos siguen llegando al panteón; a diferencia de Mixquic y otros cementerios del D.F., en donde una parte de los asistentes son turistas, aquí la gente que va al camposanto es del pueblo de San Gregorio que tiene enterrados a sus seres queridos en este lugar.

En el panteón Xilotepec, que es el más grande, la actividad durante la velada en la madrugada del 2 de noviembre es constante. Además de los familiares que van a visitar a sus fieles difuntos, hay bandas norteñas y mariachis que con su música acompañan la alumbrada.

San Andrés Mixquic

Para los habitantes de San Andrés Mixquic, pueblo asentado en la parte oriental de la delegación Tláhuac, al sur de la Ciudad de México, la celebración es una tradición transmitida por generaciones. Para los mixquenses honrar a la muerte es algo que llevan a cabo con gran seriedad y respeto.

El rito comienza el 31 de octubre con la aparición del campanero, quien es el encargado de indicar con el repique de las campanas. Al mediodía hace sonar las campanas de la Parroquia de San Andrés Apóstol dando doce repiques, lo cual indica la llegada de las ánimas de los niños. En ese momento en los hogares ya se encuentra preparada la ofrenda para las ánimas de los infantes, se coloca un cirio pequeño, agua, un poco de sal y flores blancas. El día siguiente (1º de noviembre) se espera el arribo de las almas de los jóvenes difuntos conocidos como “Angelitos”. A las doce del mediodía repican nuevamente 12 campanadas indicando que se van las almas de los niños y, a la vez, la llegada de las ánimas de los adultos. A las 3 de la tarde se escucha el doblar de las campanas invitando a las familias a recordar a sus parientes haciendo oración; al término de la misma cada uno de los presentes en el hogar enciende una vela, la coloca en la ofrenda y la ofrece al difunto.

A partir de las 19:00 horas repican nuevamente las campanas llamando a esta “la hora del campanero”, en la cual se reúnen grupos de niños y jóvenes que en el transcurso de la tarde-noche recorren las calles y casas vecinas llevando consigo una campanita y un costal, visitan los hogares vecinos, cantan, rezan y piden ofrenda diciendo: “A las ánimas benditas les ponemos sus velitas.

¡Campanero mi tamal!

Al día siguiente (2 de noviembre) por la mañana se pone en el altar el desayuno para las almas adultas.

A partir de las 18:00 horas del día 2 de noviembre los habitantes de Mixquic se encaminan hacia el panteón, llevando gran cantidad de velas, incienso y flores, algunos en su recorrido se van alumbrando con las velas, otros se esperan a llegar a la tumba de su ser querido. Ya en el panteón todas las tumbas son iluminadas con las velas y se aromatiza con el incienso, la escena es un espectáculo increíble donde permea el misticismo y la comunión entre vivos y muertos. A la mañana siguiente comienza el intercambio de ofrendas entre parientes y amigos, se recogen las velas y mucha gente regresa a sus casas para entonces iniciar la permuta de las ofrendas; es hora de comer el alimento que se les guardo a las almas. Así concluye esta celebración que año con año se realiza en Mixquic.

Pátzcuaro

La región purépecha de Michoacán tiene una de las fiestas más grandes, populares y representativas del país. El lago de Pátzcuaro y su isla Janitzio se ubican a 60 km de Morelia, capital del estado. En todas las comunidades, los cementerios se cubren de luz y color.

A temprana hora del 1 de noviembre, los indígenas purépechas empiezan a preparar los alimentos que en vida le gustaban al difunto, posteriormente llegan a los camposantos cargados con todo lo que utilizarán en el arreglo de las tumbas. El panteón más visitado se ubica en Tzurumútaro, población de Pátzcuaro. El arreglo de las lápidas es muy particular, se coloca un arco o puerta por la cual regresarán los muertos para festejar con los vivos, se colocan velas que iluminarán su camino, y claro, la comida más típica y del gusto de los fieles difuntos, no pueden faltar las bebidas como el mezcal.

Durante toda la noche se hace sonar la campana colocada en la entrada del panteón para convocar a las almas a la gran ceremonia y en toda la isla se escuchan los cantos purépecha implorando por el descanso de las almas ausentes.

Conclusión

Las costumbres son un legado importante que va pasando por generaciones y se enriquecen con la mezcla de elementos que las conforman; desde la época prehispánica, pasando por la conquista y hasta nuestros días se han incorporado nuevas formas de acuerdo a cada región y cada etapa. Además, resulta notable que la tradición de colocar una ofrenda aún conserva un significado único que se reafirma cada año.

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