Tuna: rentabilidad y diversidad para la producción

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El nopal y su fruta ‒la tuna‒ son originarios del continente americano, su historia está entrelazada a través de mitos e historias con el pueblo mexicano; la importancia de esta cactácea como alimento es milenaria, se ha introducido a más de treinta países alrededor del mundo; se aprovecha como fruta, verdura, forraje y como sustrato para la producción de grana cochinilla. De la producción de nopal, es la fruta uno de los aspectos de mayor interés.

El artículo “El nopal y sus oportunidades agroindustriales”, publicado anteriormente, aborda el tema del nopal y sus oportunidades de producción e industrialización. En esta ocasión hablaremos de las particularidades de la tuna y de las características que la hacen un producto rentable y atractivo para el mercado.

La gran variedad de condiciones agroclimáticas y la diversidad genética del nopal dan como resultado diferentes tipos de tuna, convirtiendo a México en un país cuya gran capacidad productiva lo posiciona como líder mundial.

Los requerimientos e insumos para poner en marcha y sostener una plantación de nopal no requieren una gran inversión, por ello este cultivo representa una opción rentable para los actuales productores y para quienes deseen incursionar en este mercado.

En México se producen tunas rojas, blancas, verdes, anaranjadas y amarillas con una amplia estacionalidad (frutos de maduración temprana ‒mayo‒; intermedia ‒agosto‒, y tardía ‒noviembre‒), lo que permite tener abastecimiento durante gran parte del año. Además del color, los frutos presentan diferentes tamaños, cantidad de semillas, de pulpa; sabor ácido o más dulce. En el país hay cerca de 20,000 productores de tuna que se distribuyen en las siguientes zonas:

  • Puebla (Acatzingo y Quecholác)
  • Valle de México (Estado de México e Hidalgo)
  • Altiplano Potosino-Zacatecano (Aguascalientes, Jalisco, Guanajuato, San Luis Potosí y Zacatecas)

Una oportunidad interesante para la producción es la promoción del cultivo de tunas púrpuras, rojas y amarillas, las que representan únicamente el 5% del total producido a escala nacional, la relevancia radica en que diversos estudios señalan que estas variedades tienen una mayor actividad antioxidante que la tuna blanca, lo que podría ser un incentivo para su consumo.

Actualmente existen técnicas que permiten mejorar la producción de tuna y que el fruto esté presente por lo menos durante diez meses cada año, lo que no se puede lograr con todos los tipos de frutas; en el artículo “La tuna: producción y diversidad” del boletín bimestral Biodiversitas, publicado por la CONABIO, se describen estas prácticas, por ejemplo, el forzamiento de la producción (adelanto o atraso de la cosecha) mediante técnicas diversas (riego, decapitación de yemas, fertilización, etc.); la incorporación del cultivo a zonas con mayor potencial y características climáticas más benignas que permiten la maduración anticipada o bien tardía de los frutos y el empleo de métodos de postcosecha que mantienen la calidad de la tuna y sus características organolépticas por más tiempo. Esto permite la comercialización en condiciones más favorables para el productor y aumenta las posibilidades de lograr mejores oportunidades el mercado de la tuna.

Además, hay frutos que presentan semillas abortadas, lo que aumenta la proporción de pulpa comestible. Ya que en general el mercado prefiere tunas con pocas o ninguna semilla el mejoramiento genético está orientado hacia la búsqueda y multiplicación de variedades que presenten esta característica.

La tuna como alimento funcional

Una de las tendencias en alimentación son los alimentos funcionales; este concepto se refiere a alimentos saludables que, además de nutrientes, proporcionen beneficios adicionales a la salud y al cuerpo humano, por ejemplo, que auxilien en la prevención de enfermedades.

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) en su boletín de servicios agrícolas señala que: en la tuna, el 53% del azúcar presente es glucosa y el resto fructosa, dado que la glucosa es el único insumo energético de las células cerebrales y nerviosas, el hecho de que pueda ser fácilmente absorbida después de la ingesta del fruto resulta atractivo desde el punto de vista nutricional.

Además el contenido de vitamina C, vitamina E, pigmentos, polifenoles y taurina en la fruta la hacen un alimento interesante desde el punto de vista de prevención de enfermedades.

Valores agregados en la tuna

Varios componentes o partes de la tuna han sido propuestos como insumos para la elaboración de productos con mayor valor agregado, como la obtención de antioxidantes naturales alternativos a compuestos como el butilhidroxianisol (BHA) y butilhidroxitolueno (BHT). La cáscara del fruto representa entre el 60 y 70 % del peso total de la tuna y contiene compuestos de interés como vitamina E, tocoferoles y la vitamina C, por lo que este subproducto tiene potencial como fuente de fitoquímicos con aplicaciones en industria alimentaria y cosmética. Además, la tuna puede ser transformada fácilmente para elaborar alimentos procesados de alto valor nutricional y funcional.

México exporta tuna a Estados Unidos y Canadá; en cantidades menores también exporta a Chile, Alemania, Bélgica, Holanda y Francia. Las grandes ventajas de México para la producción de tuna radican en su territorio, en la diversidad del nopal y el conocimiento agronómico del manejo del cultivo; las oportunidades que ofrece son una gran puerta para crear empleos y generar ingresos para el país.

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