México tiene el potencial para convertirse en un ensamblador clave en la electromovilidad gracias a su industria automotriz, pero enfrenta desafíos importantes en infraestructura de recarga y energía. El desarrollo de un ecosistema integral será determinante para consolidar su posición en la transición hacia vehículos eléctricos.
México se perfila como un actor clave en la transición hacia la electromovilidad, impulsado por su sólida base manufacturera y su integración en las cadenas globales de la industria automotriz. Sin embargo, expertos advierten que el país aún enfrenta desafíos estructurales, principalmente en el desarrollo de infraestructura de recarga, lo que podría frenar su consolidación en este segmento.
De acuerdo con especialistas, el país cuenta con las condiciones para posicionarse como un ensamblador estratégico de vehículos eléctricos y sus componentes, aprovechando su experiencia en producción automotriz, su cercanía con mercados clave como Estados Unidos y el impulso del nearshoring.
No obstante, el avance hacia la electrificación no depende únicamente de la fabricación de vehículos. Jorge Antonio Ascencio Gutiérrez, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México, subraya que el verdadero reto radica en el desarrollo de un ecosistema completo que incluya infraestructura, energía y servicios asociados.
En este sentido, uno de los principales rezagos se encuentra en la red de estaciones de carga. Aunque existen proyectos en marcha y metas de electrificación hacia 2030, la cobertura actual sigue siendo limitada en comparación con otros mercados, lo que impacta la adopción masiva de vehículos eléctricos tanto a nivel industrial como de consumo.
Además, la transición hacia la electromovilidad será gradual. Los motores de combustión interna continuarán teniendo presencia en los próximos años, lo que obliga a las empresas a operar bajo esquemas híbridos que combinen tecnologías tradicionales y eléctricas.
A nivel industrial, esta dualidad representa tanto un reto como una oportunidad. Por un lado, exige inversiones en nuevas líneas de producción, capacitación de talento especializado y adaptación de proveedores. Por otro, abre la puerta a la innovación en componentes, baterías, software y soluciones energéticas.
Asimismo, el desarrollo de la electromovilidad está estrechamente ligado a la disponibilidad energética. La demanda de electricidad para alimentar una red de transporte electrificada requerirá inversiones en generación, distribución y energías limpias, elementos clave para garantizar la viabilidad del modelo.
En este contexto, México tiene la oportunidad de evolucionar de un país ensamblador a un hub integral de electromovilidad, siempre que logre cerrar brechas en infraestructura, fortalecer su cadena de suministro y alinear políticas públicas con las necesidades del sector.