Un cliente, al norte del país fabricante de vasos de unicel para alimentos instantáneos, requería incorporar un código de trazabilidad de 20 caracteres en sus productos. El principal desafío era que este código no debía ser visible a simple vista, ya que no podía confundirse con la fecha de caducidad impresa en el producto.
Además, el codificado debía ser altamente resistente, soportando el proceso de llenado y manteniéndose legible durante toda la vida útil del producto, sin afectar la apariencia del vaso.